Actuar es gestionar: el trabajo invisible detrás de la función
Por Ana Luisa Quiroz — Actriz (U. de Chile), Nutricionista, Gestora Cultural
Hay una imagen muy instalada del teatro: el escenario, las luces, el vestuario, la emoción.
La actriz que respira, se entrega, interpreta.
Y sí, ese momento es real, intenso y profundamente significativo. No obstante,
La función comienza mucho antes de que se enciendan las luces.
Antes de estar frente al público, hay planillas, llamadas, producción, conversaciones,
ensayos, traslados, presupuestos, acuerdos, logística y una cantidad enorme de trabajo
invisible que también es teatro.
Lo he aprendido haciendo funciones de Pequelia descubre los colores, Elvira, Cacica de Talagante, Maldito Amor y La Pérgola de las Flores.
En cada una, además del rigor y la delicadeza para construir un personaje, hubo algo más
que sostener: la posibilidad misma de que esa obra existiera.
Porque sin producción no hay escenario.
El ensayo no paga el arriendo, ni el vestuario aparece por arte de magia, ni la emoción se
sostiene sin tiempo ni recursos.
La belleza requiere administración. Y eso también es amor.
Lo que el público no ve también es teatro
En Pequelia descubre los colores, aprendí a mirar el teatro desde la infancia.
No solo como intérprete, sino como parte de una experiencia educativa más amplia.
Descubrí que crear para niños implica coordinación con colegios, horarios,
acompañamiento pedagógico, claridad de mensajes, flexibilidad y cuidado.
Ahí entendí que la cultura se hace con cuerpos, afectos y planificación.
En Elvira, Cacica de Talagante, la gestión ahí fue territorio, comunidad, conversaciones con
instituciones, permisos, invitaciones, difusión.
La escena es el resultado de muchas manos, muchas voces, muchas memorias que se
trenzan.
En La Pérgola de las Flores, comprendí que el teatro es colectivo o no es.
Mover a una compañía grande, coordinar ensayos, músicos, vestuario, técnicos, difusión,
espacios, transporte…
Eso es gestionar comunidad.
Eso es sostener la escena desde adentro.
A veces se piensa que actuar es solo inspiración, sensibilidad, talento. Como si fuese un
regalo caído del cielo. Pero la verdad es que crear también es administrar energía,
tiempo y recursos.
Con los años entendí que la gestión cultural no es un rol separado de la creación.
No es algo externo ni secundario. Es la columna vertebral que permite que la escena exista.
Gestionar también es hacer teatro.
Y sí, cuando por fin el público respira con nosotras… todo ese esfuerzo se vuelve sentido.
Ahí la cadena se completa. Ahí el trabajo invisible se vuelve presencia viva.
Ahí entendemos que el arte es trabajo que nos recuerda quiénes somos.